Casa de Comidas Catalina. Sevilla

Suelo ir al menos un par de veces al año a Sevilla, por trabajo. Lo cierto es que por comodidad o falta de atrevimiento, al final siempre acabo comiendo cuatro tapas en los dos o tres sitios de siempre. Nada del otro mundo, pero relación calidad – precio muy aceptable.

Y no será porque Sevilla no tenga oferta gastronómica… Desde hace ya algo más de un año tengo en agenda (aunque sin fecha fija) un par de restaurantes recomendados por una amiga sevillana que sabe lo que me gusta a mi disfrutar de la comida.

Casualidades de la vida, resulta que uno de ellos estaba en la misma plaza que mi hotel. Así que ya no tenía excusa para posponer más mi visita, y voy a contaros cómo fue.

Lo primero que me llamó la atención es que no encontré información sobre el “Restaurante Catalina”, sino sobre la Casa de Comidas Catalina”.

Llego al medio día, sobre las 2 (¡que buena hora para que no haya nadie!) Evidentemente, el restaurante, o casa de comidas, está hasta arriba. Tanto dentro como fuera. Sin embargo, un señor muy amable con chaqueta de chef (deduzco que era el propietario), que estaba a la entrada, atendiendo a los clientes, me dice que si no me importa sentarme en la barra, en unos minutos va a quedar un espacio. Le digo que me parece perfecto, siempre he sido muy “de barra”.

Mientras queda libre el sitio, echo un vistazo al local: entre el trajín de camareros, que no paran, de un lado para otro, veo un mostrador de cristal que exhibe el género. Y me doy cuenta de que estoy en el lugar adecuado.

Una de las cosas que más me gustó fue el trato de todo el personal. Y digo TODO. Desde el presunto propietario, las tres camareras de sala que no paraban de un lado para otro, sin perder la sonrisa y el buen humor, la camarera que me atendió en la barra, otros dos chicos que estaban en la barra… Se nota cuando la gente está trabajando a gusto.

Además, una de ellas (no era la que me atendió) me vio con mi camiseta del Áuryn (de la Historia Interminable, no del grupo, OBVIAMENTE), que siempre me acompaña en los viajes para darme buena suerte, y me dijo que le encantaba, que era su película favorita. Aunque la comida hubiera sido desastrosa, sólo por encontrar a otra fan de Bastian, Atreyu y Fújur habría merecido la pena la visita.

Ya sentado en la barra, me traen la carta. Algo que me encanta de Sevilla (y que ya se empieza a ver en otros sitios) es la posibilidad de pedir plato (o ración) o tapa. Para la gente que, como yo, viajamos bastante y muchas veces comemos y cenamos solos, es una maravilla, porque te permite hacer una selección de varias opciones para poder tener una idea de lo que ofrece el restaurante.

Además de lo que viene en el menú, la camarera me cuenta, no, me vende, algunos platos fuera de carta.

Por probar un poco de todo, pido un plato del menú (el canelón crujiente de cola de toro con Amanitas Cesáreas, trompetas de la muerte & Parmentier de patata), uno fuera de carta, de los que me han recomendado (unos garbanzos con bacalao). Pregunto si cree que es suficiente y me dice que si, pues debo reservar espacio para los postres. Así que, ¿quién soy yo para llevarle la contraria?

Mientras espero el primer plato, me traen como aperitivo de la casa un pate de perdiz casero.IMG_9591

Generalmente suelen poner estos “aperitivos de la casa” para que la espera hasta el primer plato se haga más llevadera (y me parece estupendo, ojo). En este caso no era necesario porque apenas tardaron en traer mi primer plato pero me alegro de que me lo pusieran. Un paté de verdad casero, con un sabor suave pero intenso. Perfecto para ir abriendo apetito.

Mientras le voy dando buena cuenta al paté, llegan, en una cazuela, los garbanzos con bacalao.IMG_9594

Ahora que lo pienso, lo del paté vino de perlas, ya que así estuve entretenido mientras se atemperaban los garbanzos, que acababan de salir del fuego.

El guiso estaba rico, con sabor potente. El bacalao en su punto. Se notaba que era fresco, se deshacía al tocarle con el tenedor. Aún con la potencia del caldo, podías encontrar el sabor del pescado.

Me lo fui sirviendo poco a poco y cuando me quise dar cuenta, estaba “rebañando” el fondo de la cazuela con un trozo de pan.IMG_9595

Es un plato contundente, perfecto para días fríos o para coger fuerzas después de haberte pateado la siempre hermosa ciudad de Sevilla (como había hecho yo).

Buen comienzo (o continuación, tras el paté de perdiz).

Apenas tuve que esperar para el segundo, el canelón crujiente de cola de toro con Amanitas Cesáreas, trompetas de la muerte & Parmentier de patata.IMG_9598

Me sorprende porque yo esperaba un canelón clásico (quizá gratinado, por lo de crujiente), pero en verdad era un saquito de pasta brick. Admito que fue una pequeña decepción, ya que desde que hice en navidad el canelón de carrillera ibérica (acompañado de helado de foie gras y reducción de oporto) que, si aún no habéis probado, ya estáis tardando (receta aquí), se ha quedado como uno de esos platos que, allá donde los ves, los pides.

Aunque lo pidiese en “formato tapa”, es un plato en toda regla.

Lo cierto es que la pasta brick es una buena opción, ya que hace que el sabor del rabo de toro (o cola de toro, como la llaman por allí) sea el protagonista indiscutible, aportando simplemente la textura crujiente (que casa muy bien con la textura melosa del relleno).

El toque de las trompetas de la muerte es perfecto, como ese actor secundario que sabe dejar el protagonismo al actor principal, pero demuestra su presencia en el segundo plano de la obra. El parmentier (que, según me dijeron, estaba hecho a mortero, algo que no había escuchado nunca), es el remate perfecto para el plato, aportando cremosidad y suavizando el sabor del rabo (o cola).

Uniendo todos los sabores estaba la salsa de la propia cocción de la carne.

Las Amanitas Cesáreas, o no estaban, o se habían escondido. Cierto es que nunca las he probado, así que sería difícil que hubiera podido identificar su sabor. Estuvieran o no, poco importa, el resultado era excelente.

Llega el momento dulce de la comida. Pido la carta de postres.

Me sorprenden porque, en vez de traerme una carta al uso, la camarera viene con un pequeño cofre que abre ante mí para mostrarme los cuatro postres que proponen (elaborados por Manu Jara quien, según me dijo, es un afamado repostero de Sevilla).

Si es difícil elegir cuando ves los postres escritos, imaginaos cuando te los muestran de esta manera… Tras mucho dilucidar, me decanto por la tarta tatin de manzana, con galleta de canela y chantilly de vainilla.IMG_9600

Por desgracia, debo decir que aquí se pegaron el golpe. El postre no llegaba ni de lejos a la altura de los otros platos.

Puedo equivocarme, pero mi sensación es que llevaba más tiempo en la nevera del que debería. El chantilly estaba ya comenzando a endurecerse en su capa externa. La tarta tatin era demasiado pastosa… A simple vista era apetecible pero en cuanto le hinqué la cuchara… fue una decepción.

Ya va siendo hora de terminar, así que pido la cuenta. No fue un precio excesivo pero sí es cierto que esperaba una cuenta más baja (fueron unos 30€ en total, pero el segundo, el canelón, no llegaba a los 6€, y el postre no era mucho más). Generalmente los platos que te presentan fuera de carta suelen ser bastante más caros (entiendo que porque son productos frescos, del día, y de alta calidad). No me gusta no saber el precio de un plato, pero nadie me obligó a pedirlo.

Y honestamente, 30€ por una buena comida (sin contar el postre que, pensándolo en retrospectiva, debí haber elegido mejor, ya que el coulant tenía mucha mejor pinta), no está nada mal.

La experiencia en general fue muy positiva. La comida es buena (bastante buena), el trato estupendo (no vi ni una mala cara de los trabajadores durante el tiempo que estuve, y os aseguro que no pararon ni un segundo, y que no todos los clientes que me rodeaban fueron tan educados como yo). Sin duda es un lugar al que volveré en mis próximas visitas a Sevilla (aunque tengo ya otros dos o tres locales que quiero probar y que, si merecen la pena, compartiré con vosotros).

Gracias, Elsa, por la recomendación. Ya sabes dónde será mi próxima comida en Sevilla 🙂

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